El abuso y abusador
puede ser el mismo; el daño en los niños podrá aparentar ser distinto; pero las
consecuencias, en los niveles más profundos son las mismas: Pérdida de la
identidad, despersonalización del cuerpo, pérdida del control sobre sí mismo,
incapacidad de crear vínculos afectivos, pérdida de la reputación ante sí
mismo.
Ficha técnica
Titulo: Mysterious Skin (Oscura Inocencia)
Pais: Estados Unidos
Año: 2004
Guión: Gregg Araki (Basado en la novela de Scott Heim)
Reparto: Joseph
Gordon-Levitt como Neil McCormick., Chase Ellison como Neil McCormick de niño,
Brady Corbet como Brian Lackey, George Webster como Brian Lackey de niño, Michelle
Trachtenberg como Wendy, Jeff Licon como Eric Preston, Bill Sage como el
entrenador, Elisabeth Shue como Ellen McCormick, la madre de Neil, Chris Mulkey
y Lisa Long como los padres de Brian.
Neil
y Brian; dos historias aparentemente diferentes
El film empieza con una
música cuyo acorde se repite una y otra vez… Una difusa imagen
sirve para presentar los créditos del film. Quienes ya vimos el film, sabemos
que se trata de una lluvia de dulces.
Luego, la música sigue su curso y el rostro de Neil –uno de los
protagonistas- empieza a aparecer en un primer plano. Neil sonríe, con los ojos
cerrados, bajo la lluvia de ahora nítidos dulces de colores.
Una cortina o corte en
negro, utiliza el director de esta película –Greg Araky, para presentarnos al otro
niño protagonista, a Brian. Su voz en
off, ya joven, nos remonta al comienzo del drama: “El verano que tuve ocho años,
cinco horas desaparecieron de mi vida. ¡Cinco horas! Perdidas.
Se fueron sin dejar rastro.” ¿Sin
dejar rastro? Este es el film sobre
el rastro que deja el abuso de un entrenador en dos niños pequeños, en un año
fílmico 1981 que, en la realidad, puede ser cualquier año, cualquier día, cualquier
segundo… Desgraciadamente, ahora.
Brian
Lackey, 1981, ocho años: Sangramiento de nariz, pesadillas,
colchones mojados, desmayos, trauma con pérdida de la memoria del suceso y uso
de la imaginación para salvaguardarse de lo que su mente y psiquis infantil no
puede comprender ni contener. Brian tiene una hermana que lo encontró “ese
día”, escondido en un closet, sangrando su nariz. También tiene una madre que
lo sobreprotege del beisbol y del padre indiferente.
Luego, una cortina
negra para escuchar a Neil, del mismo modo que a Brian.
Neil
McCormick, 1981, ocho años. Al
igual que Brian, ya joven nos lleva el inicio del drama: El mismo verano y
también los mismos ocho años. Brian
recuerda ese día, cuando se masturbaba mientras, desde la ventana de su
dormitorio, veía a su madre teniendo relaciones sexuales con el novio del
momento. Sus palabras lo narran así:
“El verano que tuve ocho años acabé por
primera vez. Estaba mirando a mi mamá
teniendo relaciones con su novio, un tipo llamado Alfred, en mi viejo juego de
hamacas. Alfred era un tipo sin nada de
moral; estúpido como una maldita roca…. Lo que más adelante llamaría mi tipo. Sólo las cosas más aburridas y estúpidas
salían de su boca; pero, viéndolo así, no podía quitarle mis ojos de encima…
Me
he venido masturbando durante años, pero no fue hasta ese verano que salió
esperma de mi verga, cuando acabé…”
Neil, sin tener la
madurez para entender, para discernir, para reflexionar críticamente, para
enjuiciar el sentido de la relación sexual de su madre con ese “tipo”; en el
patio, frente a su ventana… pasa a ser un
tercer integrante de ese acto sexual. No puede quitar los ojos de encima
y no entiende por qué; espontáneamente se masturba al ritmo de ellos…. Será la
cara de ese hombre la que se cruzará y sobrepondrá con la cara del entrenador
pedófilo y con las de los otros que después
vendrán. Es entonces -en junio de 1981-
cuando la madre inmadura lo inscribe en las Ligas Menores de Beisbol, bajo la
custodia y confianza del entrenador Heider.
Para Neil, la figura del entrenador se asemejará a la del novio de la
madre y a las que veía en las fotos de las revistas que su madre escondía bajo
la cama y que él ya había descubierto. En palabras de Neil: “El deseo me golpeó
como un martillo (…) En aquel entonces no sabía qué hacer con mis sentimientos” Desde entonces, Neil sería campo fructífero
para la perversión del entrenador pedófilo.
Neil entrenaría, jugaría y haría todo lo que pudiera agradar al
entrenador…incluso ser anzuelo para que otros niños cayeran en las redes. Se sentía el favorito del entrenador quien le
ofreció un espacio para que hiciera lo que quisiera: una casa implementada a
gusto de niños: Con el Entrenador, Neil va al cine a ver películas para
adultos, come dulces o pizzas, juega, tira la comida al suelo, eructa, decir
palabrotas, se saca muchas fotos, hace grabaciones y, lo principal y como consecuencia, se
siente importante, el mejor, el privilegiado
del entrenador. Neil siente que ya no está solo y el
entrenador lo sabe. La seducción del
niño le será muy fácil y a niveles profundos de una psiquis de 8 años....
Apenas unas semanas
desde que Neil y el entrenador han establecido contacto…Es el día 2 de julio de
1981. Su madre, absolutamente confiada,
espera que después del juego el entrenador lo devuelva a casa. El Entrenador, primero lo llevará a su propia
casa. Allí le mostrará el álbum de las fotos
sacadas; las elogiará, luego jugarán a tirar los dulces al suelo… Pronto, el
entrenador dirá a Neil, mirándolo y acercando su cara: “Me gustas. Neil, me
gustas tanto…” Lo acostará sobre el suelo
y dirá “Cuando alguien me gusta mucho, hay un modo en el que les demuestro lo
que siento” Le pedirá silencio y expresará:
“Ángel…No hay nada de malo en
besar a alguien así. No dejes nunca que
alguien te diga que está mal.”
Una cortina oscura nos llevará
fuera de cámara y sólo escucharemos la voz de Neil joven, diciendo: “Sucedió….
Eso es lo que me digo a mi
mismo…Simplemente sucedió. Luego
que todo terminó… miré el desorden en el suelo. Era como un caleidoscopio. Lo tragué y saboreé la lengua del entrenador
en mi boca” El entrenador preguntó “¿Te
gustó? Está bien que te haya gustado. Todo estará bien.”
Octubre 1983… Para Brian y para Neil; han pasado dos años.
Neil tiene una amiga: Wendy, su alma gemela. Es Halloween; secuestrarán a Brian
y lo dejarán en el solitario parque, en la oscuridad, donde será encontrado por
el entrenador, quien volverá a abusarlo
y Brian volverá a caer en la oscuridad; sin recordar el suceso… Mientras, Neil
hostiga a otro niño y para no ser acusado explica a Wendy lo que hará: “Hay
cosas que podemos hacerles para tenerlos de nuestro lado”
Noviembre 1987… Ahora
Brian y Neil tienen 15 años. Neil se
prostituye con hombres que buscan jovencitos; intentando repetir las
sensaciones y sentimientos de cuando tenía 8 años…
Otoño 1991. Brian cumplirá 19 años… Aún no recuerda lo
que sucedió a los 8 y 10 años. Sigue
imaginando una explicación de invasión alienígena. Retraído, huyendo de todo contacto físico
pero más cercano a descubrir lo que aconteció, a través de una foto que
encontró de la liga de beisbol, donde aparece junto a todo el equipo; por lo
tanto, junto all entrenador y a Neil.
Otra situación imprevista -no buscada- rescatará de su inconsciente, imágenes más concretas: se ha activado la
memoria corporal…sensaciones, imágenes.
Vuelve a sangrar y a desmayarse…
Este año, Neil despedirá a Wendy, quien se va
a Nueva York. Afortunadamente, ya suman
otro buen amigo: Eric quien tomará el lugar de Wendy y descubrirá que Neil fue
abusado cuando niño… Neil sequirá, perdido de sí; huyendo de sí mismo;
vendiendo sensaciones…a distintos tipos de personajes que, si bien por la edad
de Neil, legalmente no son pedófilos; buscan relaciones tortuosas, con
jovencitos que pueden dominar. Pero
también le será cada vez más más difícil escapar de sí; seguir siendo
insensible consigo mismo. Frente a la
casa del depredador de niños se escapará un pensamiento contenido por años: “¡Ven aquí maldito! ¿Ángel?”.
Neil tiene miedo de sus pensamientos; desea escapar físicamente y viaja
a Nueva York, junto a Wendy. Lo despide
una madre que deja ver el desconocimiento total de su hijo… y su actitud aún
adolescente… No siempre coinciden las edades cronológicas ni etapas de
desarrollo con la madurez…
Brian, buscando a Neil,
conocerá a Eric. Se conocerán y harán
amigos. Mientras, Neil topa fondo en
Nueva York. Sufrirá experiencias
fuertes, entre ellas se verá enfrentado a un enfermo de SIDA que, con su cuerpo
lleno de llagas, le solicitará: “¿Podrías frotarme la espalda? Realmente necesito ser tocado”
Neil no puede escapar
de sí: Se ha encontrado con otro doliente; ambos tienen llagas… Luego correrá, correrá… Con Wendy recordará
su experiencia de 8 años y lo que quisiera fuera una afirmación suena a tratar
de autoengañarse “Pero él me amaba”
El día anterior a
Navidad Neil tendrá la experiencia “tocar fondo”, un cliente estará a punto de
matarlo, lo drogará, golpeará, violará.
Tirado en la calle, clamará. “Mamá” y ya, a solas, llorará su dolor y
volverá a casa.
Es navidad, será el día
del encuentro de Brian y Neil. Ante la
pregunta de cuánto tiempo que no se veían. Brian exclamará: Diez años, cinco
meses, y siete días. Juntos irán a la
casa del entrenador, donde eran los abusos, donde ambos eran víctimas
inocentes.
La pregunta de Neil
“¿Por qué me buscaste ahora?” La
respuesta “Estoy cansado de esto. Quiero
soñar con algo distinto.” El relato de Neil, de lo que entonces, a los 8 años,
a los 10 años, allí acontecía. Sus
recuerdos… lo que pasó a Brian. Luego, los relatos de Brian; sus recuerdos…que
iban siendo completados con los recuerdos de Neil. Es un camino tortuoso que
deben terminar de recorrer para luego poder superar. Brian apoya su cabeza en Neil, se da cuenta
que ambos son víctimas inocentes; se apoyan… Ante la pregunta de Brian de por
qué sangraba su nariz, Neil relata:
“Cuando todo terminó y
estábamos vistiéndonos… tu rostro estaba como si hubiera sido borrado; como si
estuvieras vacío por dentro y simplemente te caite de rostro contra el
piso.” Brian llora… Neil lo cobija y
recuerda:
“Mientras estábamos
allí sentados, escuchando las canciones navideñas, quería decirle a Brian que
todo había terminado y que todo estaría bien.
Pero eso sería una mentira… y, además, no podía hablar; de todos
modos. Deseo que hubiera un modo de
volver atrás y deshacer el pasado; pero no lo hay y no hay nada que pueda hacer
al respecto; así que me quedé callado y traté de decirle, telepáticamente,
cuánto sentía lo que había sucedido.
Cuando pienso en todo el dolor y tristeza y sufrimiento que hay en el
mundo…, me hace querer escapar. Deseo de
todo corazón que pudiéramos dejar este mundo atrás, elevarnos como dos ángeles
en la noche, y mágicamente, desaparecer…”

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