martes, 11 de agosto de 2015

2.2 EL NIÑO-A NIÑA ABUSADO-A


El abuso sexual es un trauma relacional; un trauma en el vínculo a) entre “yo” y “mi cuerpo” y  b)  entre “yo” y “los demás”.  
    
Yo y “mi cuerpo”.   Nuestro cuerpo es nuestra primera casa. Nos presenta ante los demás, nos expresa, nos comunica, cuenta las historias de nuestras vidas, me da la libertad de las distancia o de la cercanía del otro; me da la posibilidad de expresar mis sentimientos y simbolizar mis creencias y rituales.  El niño, niña, tiene las primeras sensaciones de su cuerpo en la placidez, suavidad del vientre materno; se va alimentando no sólo de los nutrientes  orgánicos sino de los sonidos y caricias que llegan desde el interior y exterior inmediato del cuerpo materno.  Luego, con el nacimiento, viene la separación y las primeras sensaciones de contacto directo con los otros, con lo demás, con lo desconocido… Las primeras incomodidades, hambre, sed, frío, calor… hacen surgir el llanto y el aprendizaje de la comunicación, del abrazo: lloro y vienen a mí; siento olores cercanos, la leche materna, el abrazo o la sonrisa del padre… Nuestros mundos se van ampliando ante la mirada, el tacto, los movimientos, las sensaciones térmicas, los sabores… Empiezo a distinguir entre el agrado y desagrado, el bienestar y el malestar, el placer y el dolor… Busco cercanías y corro hacia los brazos; doy besos, acaricio o me alejo, huyo, escondo, no quiero ver, no quiero saborear… Mi cuerpo me expresa y pone límites a lo y los demás

Yo y “los demás”.  Viene el abusador… coge mi cuerpo, me invade, me amenaza, no logro escapar; he sido vencido-a; me han obligado a mirar, tocar o saborear lo no deseado, lo que hiere… Pero el abuso va más allá que esas sensaciones.  No se trata del rechazo al remedio o del dolor de la inyección o de la herida al caer – todo ello es curable y pasará…   Mi cuerpo ha sido violentado para invadirme a mí; he sido vencido-a y el arma ha sido  mi propio cuerpo. El cuerpo del otro y mi propio cuerpo me provocan inseguridad; me amenazan; me dejan expuesta-o; me siento en la intemperie, sin intimidad… Ya no confío en el otro y tampoco en mí: me siento incapaz de defenderme; demasiado pequeño-a no entiendo lo que pasa… Sobrepasado-a.  El padre que aparecía con su sonrisa y me llamaba “princesa” ya no es el mismo: me da miedo  su mirada, su cercanía, sus olores… La madre que aparecía como la protectora, desde los primeros indicios de vida, ha callado y dejado hacer… Solo-a; desolado-a, aterrado-a, engañado-a.  He perdido mis hogares: mi cuerpo – hogar y mi familia-hogar y podría sumar mi escuela-hogar, mi iglesia –hogar…
Vergüenza, culpa, confusión, miedo, desconfianza, angustia, rabia, baja autoestima, expuesta-o a la vista y acción del otro, erradicado-a de sí mismo-a… Desde ahora, siempre alerta: todos pueden engañarme: todo es amenaza y mi propio cuerpo lo es: a través de él se produce “el saqueo”.                                         
“No puedo dar certezas que no tengo (y acaso jamás tenga).  Era demasiado chica, demasiado carente de conceptos para darle un significado  a lo vivido, demasiado inocente para comprender.  Sólo sé que mi niñez transcurrió a saltos y sobresaltos” (V. Jackson, pág. 35…)
“Paso días enteros en permanente estado de alerta.  Con miedo.  Mucho miedo.  Respiro rápido, el corazón me late fuerte y aunque esté inmóvil siempre me siento en  movimiento.  Circular en el departamento me parece a veces como recorrer una jungla, una larga y oscura caverna, un territorio en guerra o un campo minado.  En cualquier momento puedo volar en pedazos invisibles.  A cualquier hora, cualquier día, todas las semanas, durante meses, años.  Demasiados en la cuenta final.” (Ibíd. Pág. 35)
“…no puedo dormir. Con los ojos apenas entreabiertos, detecto una sombra en el umbral de la puerta.  Parece un gorila albino, enorme, peludo, con poderes sobrenaturales.  Eso creía yo.  Cerraba los ojos y lo seguía viendo; los abría y ahí estaba de nuevo. A veces soñaba con él, pero al despertar de mi pesadilla, no se había marchado…” (Ibíd. pág. 39)      
“Tengo cinco, seis años y me pregunto, al observar el rostro de mis compañeras durante horas de clases o recreos, si alguna de ellas sentirá por su papá el miedo que yo siento por el mío (y que comienzo a sentir por sus amigos), o el asco que me provocan las desafinadas caricias que él considera “naturales” entre padres e hijas.  ¿Serían naturales? ¿Qué era en verdad normal y qué no entre un padre y una hija?  No tenía idea. (Ibíd. Pág. 39)
“No entiendo bien qué me sucede ; pero sea lo que sea, me sobrepasa.  No cumplo aún siete años y me siento cansada como mi bisabuela, que es muy vieja.   (…) No me va quedando tramo en el cuerpo –excepto mi cara, que mi papá rara vez toca- para nuevas lesiones (…) Me deja claro que es él quien manda sobre mí: el derecho a usar mis pulmones, lo que debo tragar o no, mi tiempo de crecer y todo lo que venga con este cuerpo que llevo puesto pero no me pertenece.  Soy como el mudo muñeco de un ventrílocuo…”  (Ibíd. 66 -67)
El niño-a abusados se sienten como erradicados de sí mismos,  como desterrados o invadidos por otro ser.  Siempre expuestos; sin tener dónde resguardarse.   Falta un lugar seguro dónde estar, donde descansar; por ello parecen “ciervo en continua fuga o un animal que hace de todo para que no se le acerquen”  (Stupiggia, Maurizio (2007) El cuerpo violado.  Ed. Cuatro Vientos. Chile pág. 3)        
El  abuso sexual, no sólo se graba en la memoria cognitiva sino en la memoria emocional y corpórea…. Se graban sensaciones –olores, tactos, movimientos, sonidos- que  se disparan en cualquier momento, ante la más mínima semejanza; que no pueden ser superados, borrados… .Por lo mismo,  se vuelve a sentir miedo, a temer la amenaza, la invasión y se cae en una hipersensibilidad… Ya no se sabe cuáles son los límites adecuados para no exponerse… Un problema para el terapeuta que fácilmente puede evocar la situación  de poder padre – madre , etc. hijo-a; análoga a la terapeuta – paciente.
Profundamente dañada,  la persona abusada se siente  irreversiblemente marcada por una inferioridad respecto las otras personas: 
“Me siento como un automóvil roto –repetía a menudo una paciente- un automóvil que ya no puede arreglar porque le faltan los pedazos justos, y porque aunque se pudiese arreglar, todos se darían cuenta que no es normal.  Hay algo que yo nunca podré tener. ( Stuggia 2007. Pág. 29)
Dolor – Rabia – Vergüenza – Culpa son los estados emocionales que configuran la emocionalidad del trauma que implica la experiencia de haber siso abusado-a.
Dolor por lo sufrido durante la época de los asaltos.  Dolor por lo perdido (la niñez, la posibilidad de recordar un hogar o ver un álbum de navidad sin traer el recuerdo del abuso.) Dolor por los condicionamientos de la vida actual y futura que no puede borrar los recuerdos incorporados.
Rabia porque quienes debieron proteger, actuar para impedir el asalto, no lo hicieron. Rabia porque  se sumaron muchos cómplices en el abuso y muchos son entonces no confiables.
Vergüenza  porque se piensa que ya no es  tal o cual niño-a, joven…   Se auto-etiqueta como abusado-a y piensa que todos lo saben, se nota,  y ello le hace inferior a los demás.   Hay una pérdida de la reputación privada, de sí ante sí mismo-a y, consecuentemente, ante los demás (reputación social)
Culpa por no haber evitado el abuso; por haberlo soportado ante tiempo… No se toma en cuenta la confusión , la incapacidad de autonomía de la niñez y adolescencia.



Relato de niña de 4 años

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         
No hay un perfil preciso del niño-a con mayor riesgo de abuso; pero incide:
-          Falta de educación sexual
-          Baja autoestima
-          Necesidad de afecto
-          Temor a los padres
-          Falta de comunicación en el hogar
-          Niño o niña con actitud pasiva
-          Tendencia a la sumisión
-          Baja capacidad de toma de decisiones
-          Niño o niña en aislamiento
-          Timidez o retraimiento
-          Afecta a niños-as de diversas edades, siendo el grupo  más vulnerable los menores de 12 años.

Indicadores del Abuso Sexual Infantil
La mayoría de las niñas y niños que son víctimas no se lo cuentan a nadie por temor a que no les crean, por haber sido amenazados por el mismo pedófilo y/o porque desconocen el vocabulario necesario para hablar sobre el tema e, incluso, porque no entienden lo que les está sucediendo. Ahora bien, aunque no se expresan verbalmente, sí lo hacen mediante algunos cambios en su comportamiento.

Menores De 6 Años
-          Síntomas físicos: Sangre del recto o vagina, fisuras, picazón, infección  vaginal o enfermedad venérea. Inflamación de los órganos genitales o flujo vaginal. Dolor al sentarse o al andar.
-          Síntomas sexuales: Manifestaciones caricias o conocimientos sexuales inapropiadas a su edad.  Masturbación excesiva, juegos sexuales muy persistentes.
-          Cambios emocionales repentinos: Rabietas o llantos continuos y repentinos. Hiperactividad. Falta de confianza en sí mismos.
-          Miedos nuevos: Miedo a que los bañen o vean desnudos.  Temor a cualquier tipo de examen físico.
-          Síntomas sociales: Rechazo de contacto afectivo que antes era aceptado. Miedo a determinadas personas o intensa aversión a cierto lugar.
-          Sueño inquieto: Pesadillas recurrentes y miedo a la oscuridad.
-          Trastorno alimenticio: Desorden del apetito, desgano o bulimia (exceso).
-          Retroceso en el comportamiento: orinarse en la cama, chuparse el dedo o llorar excesivamente.
-          Juegos, diálogos o dibujos a través de los cuales simulan situaciones sexuales. Dibujos tétricos o con excesivo uso de rojo y negro.

Menores entre 6 y 12 Años
-          Todas las anteriores, más:
-          Síntomas psíquicos: Miedos, fobias, insomnio, ansiedad y depresión. Baja autoestima. Miedo a la soledad, abandono, rechazo o inseguridad afectiva. Sentimientos de culpabilidad. 
-          Comportamientos auto-destructivos.
-          Síntomas sexuales. Comportamiento sexual provocador impropio de su edad.
-          Síntomas sociales: Fugas del domicilio. Aislamiento. Tenencia no justificada de dinero o regalos.
-          Problemas escolares: Falta de concentración y bajo rendimiento escolar que aparece súbitamente; desinterés repentino por el colegio.

Menores entre 12 y 16 Años
-          Todas las anteriores, más:
-          Síntomas físicos Los mismos que en los casos anteriores. Embarazo.
-          Síntomas psíquicos: Ideas de suicidio.
-          Síntomas sexuales: Sexualización de todas las relaciones.
-          Familiar: Asumen rol de la madre y al mismo tiempo, se rebelan contra la familia e, incluso, pueden intentar escapar.
-          Síntomas sociales: Alcoholismo o consumo de drogas. Daño a sí mismo, como cortarse, quemarse, Absentismo escolar


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